20.10.17

Carmen Martín Gaite. Desde la ventana

   La cuestión de si las mujeres tienen un modo particular de escribir, que pueda dar lugar a un tratamiento crítico también particular de su obra literaria, nunca me había preocupado ni a la hora de enfrentarme con un papel en blanco ni a la de embeberme en la lectura de una novela o un poema rubricados por firma femenina.
   Recuerdo muy bien que el primer texto que despertó mi curiosidad con relación a este asunto y me hizo reflexionar sobre él, fue un ensayo de Virginia Woolf, A room of one's own (Una habitación propia), que leí durante mi primera estancia en Nueva York, en el otoño de 1980.
   Es bien sabido que la relación apasionada del lector con determinados libros, esos que dejan huella especial en él y remueven su pensamiento y su fantasía disparándolos hacia derroteros inesperados, esta condicionada por las circunstancias personales que rodean al encuentro. De hecho, conocemos a muchos lectores que, antes de recomendar un libro que les ha impresionado, nos cuentan con deleite la historia de cómo se toparon con él, historia ya ligada de forma inseparable a los comentarios provocados por su lectura. Generalmente, como ocurre en la recapitulación de una aventura amorosa, lo que ponen de relieve estos narradores es el acontecimiento como estímulo. Notan que les ha pasado algo diferente, que han descubierto la voz de un amigo nuevo y al mismo tiempo de toda la vida. Pero, más que nada, que les habla directamente, que les ha llovido de no se sabe dónde para sacudir la apatía y quebrar la soledad de unas horas desaprovechadas, átonas, sin horizonte. El deslumbramiento del lector ante ese texto que cae en sus manos milagrosa y casualmente, en el momento más oportuno para recibirlo, proviene de eso: de que le ha hecho sentirse destinatario y cómplice de un mensaje que se diría dedicado en exclusiva a él, que se adapta como un guante a su piel de ese día.


De la Introducción a "Desde la ventana"
    

19.10.17

Edna St. Vincent Millay. Mujer-bruja

No es ella rosa ni pálida,
   y nunca será del todo mía;
sus manos descubrió en un cuento de hadas,
   y su boca con un enamorado.

Tiene más pelo del que necesita;
   ay de mí cuando reluce al sol!
Y su voz es una sarta de abalorios,
   o una escalera que condujera al mar.

Me ama tanto como le es posible
   y sus modos se rinden a los míos;
pero no fue hecha para hombre ninguno
   y nunca será del todo mía.




En "Un palacio en la arena"
    

18.10.17

Eunice Odio. II


   Y será como el árbol plantado
    junto a arroyos de aguas,
    que da su fruto en su tiempo,
    y su hija no cae; y todo lo que
    hace, prosperará.
                                Salmo 1-3

Al borde estoy de herirme y escucharme
ahora que le propongo al polvo una ecuación
para el deslizamiento de la garganta,

Ahora que inauguro mi regreso
junto a mi pequeñez iluminada,

Ahora que me busco revelada
y transida en otros nombres,

Cuando por mí descienden y se agrupan
anchas temperaturas matinales,

Y hay gran fiesta cerval en los caminos.



De "Los elementos terrestres"
En una Antología

17.10.17

Ingeborg Bachmann. Colina de cascotes

Las heladas han fecundado las huertas-
en los hornos se quemó el pan-
la corona de leyendas de cosecha
es yesca en tu mano.

Enmudece! Guarda tus limosnas,
las palabras aturdidas por las lágrimas,
bajo la colina de restos
que siempre levanta los surcos.

Cuando todos los cántaros se rompan,
qué quedará de las lágrimas en el jarrón?
Abajo hay grietas de fuego
y arden lenguas flamígeras.

Aún surgen vapores
entre el ruido de agua y fuego.
Oh, elevación de nubes, de palabras,
encomendadas a la colina de restos!




De "Invocación a la Osa Mayor"
    

16.10.17

Joan Didion. Sobre tener un cuaderno de notas

Todo vuelve. Tal vez sea difícil entender que valor tiene el rememorarse a uno mismo en ese estado de ánimo, pero yo sí que lo entiendo. Creo que siempre es aconsejable mantener una relación cordial con la persona que éramos en el pasado, da igual que nos resulte una compañía atractiva o no. De otra manera, esa persona aparece sin avisar y por sorpresa, se pone a aporrear la puerta con la mano a las cuatro de la madrugada de una mala noche y exige saber quién la abandonó, quién la traicionó y quién va a reparar el daño causado. Nos olvidamos demasiado deprisa de las cosas que nos creíamos incapaces de olvidar. Nos olvidamos de los amores y de las traiciones por igual, nos olvidamos de lo que susurramos y de lo que gritamos, nos olvidamos de quiénes éramos.



De "Sobre tener un cuaderno de notas"
En "Los que sueñan el sueño dorado"
     

15.10.17

Mary Oliver. Cómo te amo?

Cómo te amo?
Oh, de este modo y de aquel modo.
Oh, felizmente. Quizá
pueda yo explicarlo con

una demostración? Como
esto, y
como esto y

             no más palabras ahora




De "Felicity"
    

14.10.17

Hannah Arendt. Arrancar la máscara de la hipocresía...

Arrancar la máscara de la hipocresía del rostro del enemigo, para desenmascararle a él y a las tortuosas maquinaciones y manipulaciones que le permiten dominar sin emplear medios violentos, es decir, provocar la acción, incluso a riesgo del aniquilamiento, para que pueda surgir la verdad, sigue siendo la más fuerte motivación de la violencia actual en las universidades y en las calles.


De "Sobre la violencia"
    

13.10.17

12.10.17

Mercedes Pinto. Hora serena

Un momento en la lucha de mi vida,
un instante de calma en la pelea
voy a ofrecerte,
con las manos unidas como entonces.
Como entonces te acuerdas?
cuando besabas en mis dedos juntos
que un ramo de capullos parecían...

Cómo recuerdo nuestro amor de España...!
Llegabas por las tardes...
Versos...? Versos y amor, y sol, y fuego...!
Después... horas de lucha que llegaban;
fantasmas de pasión; ojos endurecidos
horadando el misterio...

Te acuerdas, di, te acuerdas de las horas
y cómo las rompía con mi charla
para darte minutos de alegría,
del reloj pavoroso de mi vida...?
-"No importa! nada importa!" - te decía,
y mis versos volaban a tus manos
y retemblaba el aire con mi risa.
Comimos fruta y miel; bebimos agua
del manantial sonoro que escapaba
como una irisación de pedrería
de tu pecho y el mío.
Cantamos a la vida,
jugando a las esquinas con la suerte,
y, enredada en mi risa,
levantamos bandera en los caminos
más áridos y duros,
cantando por el mundo "independencia".

Tus besos en mis manos
puedes dar hoy sin el temor de entonces.
Te ofrezco este descanso en la pela;
este alto en el camino; este minuto
de paz.

Tienes el alma
con el aroma aún de aquellos días?
Pues ven. Yo estoy igual:
Tengo versos y frutas.
Agua y miel.
Y todavía tengo más: un arca
rebosando recuerdos y alegrías,
dolores y tragedias...
Siéntate aquí. Voy a contarte cuentos,
que ya no sé si son...


De "Cantos de muchos puertos"
    

11.10.17

Clarisse Nicoïdski. Tus manos...

tus manos
supieron abrir la noche
mostrándome las estrellas

supiero calentar la nieve
tocando sólo las ventanas

supieron
sabrán
abrirme la tierra
arrancando la flor


De "Las manos"
De "Los ojos Las manos La boca"
En "El color del tiempo. Poesía completa"