11.4.13

Christina Rossetti. Dormir, dejadme dormir...

Dormir, dejadme dormir,
pues estoy hastiada de la preocupación.

Dormir, dejadme dormir, pues mi dolor me fatiga.
Apagad la luz, saturad el pesado aire con el soñoliento incienso.
Dejad que un distante fluir de música me sosiegue,
lánguida como un sueño,
suave como el suspiro de un mar de verano.

No cojais por mí ninguna rosa que crezca entre espinas,
ni mirto tan blanco y frío como la nieve en junio,
apropiado para una virgen la mañana de su boda.

Traedme, pero, las amapolas
que rebosan de adormeciente muerte,
y la hiedra que estrangula lo que enguirnalda,
y las primulas que se abren a la luna.

Escuchad. La música se inflama en una canción,
una canción sencilla que amé en días de antaño.
Los ecos la llevan hacia lo alto de las colinas,
el viento la vuelve a traer.
Paz, paz, hay un recuerdo en esos lejanos compases
de días felices que no volverán jamás.

Oh, paz, tu música ha despertado un viejo recuerdo,
pero no la antigua esperanza
que hizo de mi vida algo tan dulce;
sólo el anhelo que debe terminar en nada.
Tened paciencia conmigo, amigos, un poco más,
pues pronto, donde bailareis y cantareis y sonreireis,
mi polvo resucitado florecerá a vuestros pies.

Dulce pensamiento el que aún pueda vivir y crecer verde,
que las hojas emerjan de la seca raíz,
y brotes y flores y bayas medio escondidas.
Entonces, si, por azar, piensas sobre el pasado,
di esto: pobre niña, al final se cumplió su deseo;
estéril durante su vida, y ahora en la muerte da fruto.

De "Maude"

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